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Ha nacido Carlitos

Carlitos, el último niño de la saga La Opinión de Granada (del que tengamos noticia), nació ayer, 26 de enero, a las 6.15 de la mañana.  Su mamá está bien y su padre superorgulloso. Es pequeñito, rosadito y pesó 2.8 kilogramos al nacer. Ahora él y la madre, nuestra compi Rocío, se están entrenando en el arte de mamar y amamantar, que ya sabemos que no es fácil al principio. Todo ha ido tan bien, que tanto el niño como la madre podrán abandonar hoy la habitación del Materno (Virgen de las Nieves).

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¿Evidencias del declive?

La Opinión de Granada digital anunciaba el mes pasado el espectacular incremento de visitas a su web de noviembre de 2008 a noviembre de 2009 (un 89%). Como ya hemos comentado en un post anterior, ciertamente la web empezó a despertar de su letargo tras la mínima apuesta de Prensa Ibérica (pasar a tiempo completo a un redactor de media jornada, contratar a un ayudante de redacción y a un comercial). Pero en todo caso, el interés de los internautas respondía fundamentalmente, sospechamos, a los contenidos que se generaban para el papel.

La Opinión de Granada digital tuvo su mejor momento en 2009 en el mes de octubre. Desaparecida la versión papel y sin una apuesta seria por internet, según cifras de la OJD,  en noviembre perdió visitas y en diciembre perdió, a su vez, casi un 23% más. Cierto que el bajón de diciembre fue más o menos general, pero el del diario granadino es mucho más abultado que en las otras Opiniones de Prensa Ibérica.

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No estamos solos

No estamos solos. La empresa editora del La Región de Orense presenta un ERE que incluye a 35 trabajadores después de haber ganado el año pasado 180.000 euros con el diario. La plantilla del gratuito 20Minutos secunda una huelga por los últimos despidos de una serie que ha afectado a más de 20 trabajadores. El grupo Zeta echa el cierre en Zaragoza del Diario Equipo. La agencia EFE deja aquí en Granada una ‘delegación’ testimonial. Joly ha rebajado al mínimo la redacción de Granada Hoy… De buen rollo, pero también ha cerrado Souitu.es.  Tal vez sea hora de empezar a movernos juntos.

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Abrimos un espacio en Youtube

Un vídeo de ‘Producciones Juan Palma’ de la concentración de ayer miércoles en Villamena 1 (Cárcel Baja)

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Cuarenta y cinco de Villamena

DICEN que fue en un abrir y cerrar de ojos. Dicen que nadie lo sospechó, al menos, más abajo de la planta noble, y menos aún en la rotativa. Dicen que el mazazo, seco y duro, hinchó los párpados y humedeció las mejillas de todos. Los que se iban a la cola del SAE, tantas veces fotografiada y publicada para otros, pero ahora, con ellos de protagonistas. Dicen que el último aliento sonaba herido, hervía balbuceante. Con ellos, se cierra una ventana que cada mañana abría Granada a la libertad.

No siento más dolor ahora que con cualquier otro ERE, de Granada o del Puerto de Santa María. Tampoco un ápice menos que cuando le tocó a los 26 de TeleIdeal, o a los 12 de RTVE. A pesar de tantos “eres cotidianos”, uno no se acostumbra. La crisis, una vez más, ha vencido a las expectativas. Seguir era perder. Ésta crisis que los hoy gobernantes negaban no hace tanto, se ha cobrado cuarenta y cinco víctimas más entre trabajadores de nuestra ciudad.

Para los periodistas que sirven a los medios de comunicación y la publicidad que los sostiene, la crisis de Zapatero no es moco de pavo. Desde el Servicio Público de Empleo Estatal nos informan que hay más de 5.100 plumillas desempleados, casi dos mil más que hace un año. El presidente de la Asociación de la Prensa habla de “catástrofe”. Y desde La Opinión de Granada, desgraciadamente, van a ampliar la cifra. Serán cuarenta y cinco almas más, son cuarenta y cinco números más para la crisis española. Cuarenta y cinco penas individuales y una pena colectiva: la que asoma tras cerrar una puerta a la información.

Esta Chauna antipatriota, por hablar de crisis cuando no estaba permitido, mezcla hoy su dolor con los cuarenta y cinco de Villamena, y les expresa su sentimiento de solidaridad por su causa, que les ha llegado de sopetón. Ojalá que el destino les ayude pronto a hablar de lo de hoy como una anécdota del ayer. La creación de empleo es quién más puede hacer por olvidar el dolor actual, y ésta crisis, sin más empleos, será más crisis, y más larga.

El periodismo libre no debe tener límites, ni contrapuntos. Y en esta democracia, que tanto tiene aún por construir, los cuarenta y cinco de Villamena, serán imprescindibles.

Este artículo fue publicado por el diputado provincial del Partido Popular José Torrente en el diario Granada Hoy

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Hagamos una encuesta

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Moll mal (McShuibhne)

La Opinión de Granada ha sido la última víctima de los caprichos de Francisco Javier Moll de Miguel y su familia (señora e hijos). Con el estilo caciquil y feudal que le caracteriza, el presidente de Editorial Prensa Ibérica (EPI) liquida un periódico con apenas 6 años de vida y deja en la calle a medio centenar de trabajadores de un día para otro. Y una vez más la incapacidad de los gestores la pagan los trabajadores. Moll mal.

moll Moll malFrancisco Javier Moll de Miguel

El señor Moll no da la cara. Ése es su estilo. Lo suyo es pasearse por las redacciones de sus periódicos cual señor feudal —a veces acompañado por un monarca amigo suyo, un tal Juan Carlos I de España—, montarse grandes fiestas con su esposa en las suites que tienen en las instalaciones de sus diarios y llevarse la pasta.  Pero cuando se levanta con resaca, abre la caja y faltan ceros, ¡zas! cierra un diario, sin pensárselo dos veces. Bueno, él ordena el cierre, pero no da la cara. En el caso de La Opinión de Granada lo hizo el director general de Gestión, Juan Antonio López Ruiz de Zuazo. El jueves pasado se presentó ante los trabajadores del diario granadino y les comunicó que habían acabado, que nadie fuese a trabajar al día siguiente y que podían ir recogiendo sus cosas. Moll mal.

Con dudas, José Carlos Rosales publica:

Alguien me lo dijo hace algunos años: los de Prensa Ibérica más que un grupo de información son un grupo inmobiliario, compran edificios, montan periódicos, venden los edificios, cierran los periódicos, se mudan de ciudad, se dejan influir, parece que la información es lo que menos les interesa. No sé si llevaba razón: los asuntos internos son asuntos internos. Sólo sé que hoy hay un periódico menos en Granada”.

Debes saber, José Carlos, que quien te lo dijo sabía bien lo que decía. A Moll le gusta la prensa tanto como el ladrillo o los viñedos. Y tanto le da una cosa que otra. Y si tiene que cerrar diez periódicos para invertir en vino y/o ladrillo, no dudes que lo hará.

Al señor Moll tanto le da el ladrillo que el vino que la información. Porque al señor Moll, como buen empresario que es, lo único que le importa es el dinero. Y en su derecho está en hacer con su dinero lo que le plazca, faltaría más. Pero lo que es cuestionable es su juego de inversión especulativa en la información, pues en el momento en el que alguien se dedica a jugar al Monopoly con medios de información, está jugando con algo llamado democracia. La información, señor Moll, no son ladrillos ni uvas ni morcillas. Moll mal.

Hay quien piensa que Moll no ha liquidado a La Opinión de Granada, sino solamente su edición impresa, ya que se mantiene su edición digital. En cuanto supe esto me di cuenta de la farsa. Las ediciones digitales de Prensa Ibérica son simplemente una aberración periodística, panfletillos digitales. En Faro de Vigo, por ejemplo, un par de personas con escasos o nulos conocimientos de periodismo se encargan de mantener la edición digital del decano de la prensa española. En La Opinión de Granada pasa más de lo mismo. Basta con leer este párrafo sacado del blog La Opinión Sigue Viva:

Ciertamente, la versión digital de La Opinión de Granada ha multiplicado una barbaridad sus visitas en el último año. Pero lo ha hecho, fundamentalmente, gracias a las noticias de la edición del papel. Apenas nos compraban en los quioscos (igual sería interesante analizar el peculiar negocio de la distribución en Granada), pero nos leían en internet.  Si la apuesta de Prensa Ibérica fuera cierta, no tenía más que haber reconvertido a parte de la redacción del papel en redacción on line (que dicho sea de paso es otra empresa). Pero no, lo que pretende hacer es despedir a los 45 trabajadores de la edición papel y mantener (nadie sabe por cuánto tiempo) a tres trabajadores (un redactor, un asistente de redactor y un comercial) con un salario de miseria. ¿Entenderá Prensa Ibérica que volcar teletipos es hacer una edición digital de un periódico?”.

Como veis, la credibilidad de las versiones digitales de los medios de Prensa Ibérica es nula. ¿Por qué Moll no invierte en formación de los profesionales de su grupo para que mantegan y den brío a los digitales? ¿Es serio mantener la edición digital de un diario como Faro de Vigo, La Opinión de Granada o cualquier otro de EPI con dos o tres personas y sin apenas conocimientos periodísticos y/o digitales? Moll mal.

Hay quien se ha sorprendido por el cierre repentino de La Opinión de Granada, diario de un grupo que presume de estar saneado. A mí no me ha sorprendido lo más mínimo. ¿Por qué? Si repasamos la historia reciente de la familia Moll, encontramos sus huellas y ADN en dos escenarios con 150 muertos: el Comercio do Porto y Capital. En julio de 2005 la familia Moll liquidaba estas dos cabeceras portuguesas tras cuatro años jugando-especulando con ellas hasta que se cansó. No eran rentables. A Moll no le tembló el pulso a la hora de dar carpetazo a 151 años de historia de O Comercio do Porto (fundado en 1854). Francisco Javier Moll de Miguel —amigo íntimo del rey de España— pisoteó y quemó una parte fundamental del patrimonio histórico, cultural y periodístico de nuestros vecinos portugueses. Moll mal.

Lo hizo ese mismo tipo que conocí en mis años en Faro de Vigo, por donde se pasea un par de veces al año. Era fácil saber que don Moll iba a venir: limpieza exhaustiva de oficinas y sobacos, plantas y cerebros regados, pósters fuera… Y un trasiego de personas subiendo y bajando de la última planta de la Factoría de Chapela (Redondela), donde se ubica la suite del matrimonio Moll, encima de la redacción (cuestión de jerarquía). Y era fácil saber cuándo llegaba, no porque se dejase ver, claro, porque Moll no se mezcla con la chusma de periodistas que trabajan para él. Era fácil saberlo por los camareros que venían del restaurante El Canario y subían con manjares y grandes vinos a aquella suite encima de nuestras cabezas. Y bajo aquellos aquelarres a los que asistían directivos de EPI y Faro de Vigo, un buen puñado de periodistas trabajaban sin contratos, sin cotizar a la Seguridad Social y acongojados por unos jefes que sólo se expresaban en tono de amenaza. Moll mal.

Don Moll es ese tipo bajito y endiosado que yo veía pasearse dos veces al año por las instalaciones de Faro de Vigo en Chapela sin dedicarnos a sus trabajadores ni una mísera mirada ni un “hola” ni un “gracias por hacerme más alto“. Moll mal.

Don Moll es ese hombre que permite que sus empresas llamen a la policía para desalojar a un representante sindical despedido improcedentemente, que externaliza servicios y pone en marcha despidos baratos en Faro de Vigo (20 días por año trabajado), o que despide a 20 periodistas en el diario Levante, o que aplica un ERE frustrado en La Opinión de Tenerife a 33 trabajadores. Moll mal.

Don Moll es el hombre que permite y alienta con su negligencia casos de acoso laboral en sus empresas (preguntad por ejemplo por los casos de moving que se han denunciado en Faro de Vigo en los últimos tres años). Moll mal.

Don Moll ese ese hombre que intercambia cada 5-6 años a los directores de sus diarios como fichas, sin importar mucho lo que hagan o vayan a dejar de hacer y el (des)conocimiento que tengan de las realidades locales que van a tener que trabajar en tan corto periodo de tiempo (no olvidemos que el fuerte de los diarios de Prensa Ibérica es la información local). Moll mal.

Don Moll es el empresario que cerró un periódico antes de que se fundara: el Faro de Galicia. Decían que iba a competir directamente con La Voz de Galicia y Moll y los suyos brindaron sin recatos por aquel diario fantasma en un restaurante vigués (los que los vieron aún hoy se siguen partiendo de risa).  A Pedro Pablo Alonso, por entonces director de Faro de Vigo, se la metieron doblada. Lo apartaron de la dirección de Faro de Vigo y le sustituyó Juan Carlos Da Silva, un meapilas servil que dirige una de las etapas más negras, tristes y opresivas en la redacción de Faro de Vigo. A Pedro Pablo Alonso lo confinaron a un despacho, solo, aislado, donde lo tuvieron entretenido con aquel proyecto fantasma. Pasado un tiempo, Alonso tuvo su recompensa por el tiempo dedicado: lo enviaron a La Opinión de La Coruña con el cargo de director adjunto. Aquel bluf de la familia Moll dejó en ridículo en Galicia al diario decano de la prensa española. Moll mal.

No. A mí no me sorprende el cierre de La Opinión de Granada ni de los próximos que vendrán en EPI. Porque a Moll no le interesa la información; a Moll le interesa el dinero contante y sonante. Y un pajarito ya me dijo hace como cosa de un año que para Moll sus periódicos empiezan a ser un lastre del que se quiere ir desprendiendo sea como sea. Así que nadie dude que llegado el momento, a Moll tampoco le temblará el pulso si ve que Faro de Vigo (fundado en 1853) no le resulta rentable y tiene que liquidar más de un siglo y medio de historia de Vigo, de Galicia y de España.

Pero, ¿qué hace Moll para que sus periódicos sean rentables en este momento de cambios en la elaboración, difusión, consumo y uso de la información? Nada. Moll Mal.

Desde aquí, todo mi apoyo a los 45 trabajadores de La Opinión de Granada a los que el señor Moll y familia dejan en la calle.

(TOMADO DEL BLOG McShuibhne)

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